miércoles, diciembre 21, 2005

AdelantE!











Adelante Madame, pase y siéntase como en su casa…
La sentaron sobre un sillón de cristal, le trajeron un vaso de Fresita y la agasajaron con medias lunas de plata.
Ella permaneció quieta con su sombrero de trébol y su vestido de gasa azul, nos miraba y alargaba los labios pintados con rosas rojas hasta que una sonrisa desinteresada se dibujó en su rostro, agarró el esmalte y se empezó a pintar las uñas.
La ansiedad los espiaba por todos los rincones y ellos tenían los ojos desorbitados por lamer aunque sea un hilo de su vestido.
No aguantaron más.
Se partieron y tomaron a la mujer extasiada de azul por los brazos, la miraron un rato con hambre y la tragaron en pedazos como los pétalos de una flor comestible.
Era amarga pero se decía más dulce que un regimiento de enamorados a punto de explotar.
(Más tarde)
Se le escurrió en las orejas una ola de calor que contagió a los hombros y la espalda, las luces se suavizaron y la velocidad también.
Arañando el aire se bajó del taxi, caminó unos pasos y el piso se hundía como gelatina de manzana abajo de los pies.
Ese día se cayó un demonio del cielo, se pintó los ojos, se mojó el pelo y se puso a bailar sobre la pista sosteniéndole una mano por vez.
Entraron y sonaron en círculos, se retorcían y no resistían tocar el empapelado que envolvía los cuerpos.
Se les erizaba el alma mientras los músculos se desinflaban y empezaban a correr hormigas por la sangre.
Las manos rebotaban hasta que soltaron a unas sirenas que andaban chapoteando por el aire, sacudían la cola, cambiaban de color, de azul a rojo, de rojo a blanco y el blanco subía como una nube navegable.
The music was open, eh?! Eh?!
Suspendidos por una pausa irremplazable se tiraban contra paredes de carne acolchonada y llenas de pelos.
Había sonrisas ladeadas que se repetían en todas las bocas y las bocas se buscaban como agua, la piel como caramelos de naranja y los rayos que golpeaban los ojos cerrados, terminaron estrellándole las pupilas en el cielo.
Se le escaparon los ojos hasta el mar y las piernas los siguieron saltando como dos globos llenos de helio.
Una pausa en silencio dentro de vidrio, unas ventanas, una chimenea con humo dorado que subía hasta el amanecer como cachos de algodón sobre una bandeja de mármol rosa.

Maderas y viento.
Rodeando la cintura roja,
El mismo demonio convertido en ángel delineado,
Y las manos que crecían más arriba de la cintura,
(Ya sin carne pero cubiertas de plumas blancas)
Se apretaban queriendo llevar una nuca a nadar por el río.

Les arrancaron el cielo, pero les dejaron la piel,
(Por suerte la llevaban siempre puesta),
Cruzaron el espacio oscuro una vez más y saltaron porque se terminaba, hasta que una voz habló y dijo casi a forma de conjuro madrugador: “A menos que…” y la música reventó en el aire y siguió latiéndoles en las piernas y la espalda por un rato más.

Todos estrellados volvieron y bailaron hasta con los aviones, todos tenían algo en la piel, no muy fuerte, pero algo al fin, y al fin tenían algo!
Algo mejor que un vaso lleno, un vaso rebalsando que se les volcaba en los tejidos.
Se alejaron tapados en papel de chupetín acurrucados como sardinas en una lata negra y amarilla.
Llegaron pintados, se quedaron colgados de las pestañas siguiendo los pasos que marcaba el ventilador.
Ese día llevaba puesto, además de las alas, una cadera forrada en piel sensible que se llenaba de risa con el roce de los dedos.

Se fueron caminando medio torcidos al ritmo de los colectivos que pasaban, se sentaron en un asiento de barniz que se derretía con la música subterránea y subieron con el sol que les fermentaba las narices.
Pedían más como animales!, cebras que chillaban como cerdos, cerdos que no hacían ruido, pájaros con bolas de pelo atoradas en la garganta, pollos redundantes que volaban alrededor haciendo sombras sobre una mesa sin luz y una puerta de madera que no lo dejaba irse, hasta que se les escapó un beso antiguo que prometía volver mañana cuando se abriera el telón de terciopelo.
Las escaleras azules de alfombra ansiosa y gastada pedían una subida con las ganas concentradas en el primer escalón.
Ella se resistía.
Al final subió, roja, negra, rota pero feliz.
Tiró un beso desde el último escalón, se le cayó rodando, y volvió volando como una mariposa crecida de un par de manos.
Lo atrapó y se lo ató en el bretel para que le hiciera cosquillas cada vez que el viento le golpeara el pecho.
Y así se terminó la noche, con otra parte del mes amanecida, con las mismas canciones acercándose a los oídos, con otro recuerdo compartido pegado con savia en la memoria de los santos extasiados.

"Benditos los que exhalan
El perfume de mares apilados sobre mares
En noches como la última,
Pues ellos podrán hablar de verdades no ciertas
Pero sí perfumadas.
To the end y somewhere over the rainbow"

jueves, diciembre 15, 2005

Chemical World



Solamente sidra, salud! Poesía, besos viejos y vos!
Como una borracha que se inclina a brindar cada tres palabras y vuelca la mitad del vaso con las manos temblando, espera que se caigan las gotas suficientes sobre el pantalón para que los botones se aflojen y la luz se apague.
Mi mar, mi cielo, mi estrella, que lindo que suena poder pensarlo solamente.
Y mientras dormís se te escapan espasmos chiquitos y resoplidos y una lagartija se te escurre entre los brazos y te pega la nariz al cuello, se corre y te corres envuelto como un canelón de helado que se derrite con el ventilador imposible de apagar y los pies al aire porque la mantita no los tapa.
Te levantás sabiendo que no hay más pero siempre quieren más, entonces se suben nada más con algunos colores y bailan aunque no haya música de fondo, ni Blur con el coffee & la TV ni Manu Chao saturando la mente con sus chinos ilegales.
Ella sigue bailando y parece una máquina de humo, una enredadera que sube por la pared y baja hasta el suelo con el invierno acalorado de una noche y vuelve a subir con el verano y otra mañana que se rompe.
También se siente raro lo que me ronda en el estómago…y no hablo de empanadas, helado, café con leche ni cualquier otra cosa comestible o tragable…
Hablo de un desfile de mariposas, azules, verdes, doradas, plateadas, rojas y naranjas que llegan revoloteando cuando me levanto, cuando me miro al espejo y me agarran la punta de los dedos, me separan el pelo y dejan dos colitas rojas que se mueven mientras camino.
Esas mismas mariposas me llevan volando hasta la estación y me pegan a esperar todos los minutos que sean necesarios a un poste, las mismas, me sacuden la garganta y me sacan canciones dulces, me llevan al video y me tapan los ojos para que no descubra la película romántica que me metieron en la bolsita.
Cuando la empiezo a ver se me ríen en el estómago y aletean para hacerme cosquillas mientras me retuerzo para que no se note.
Me acuestan sobre cualquier banco, silla, o colchón, me agarran los brazos y lo rodean de colores.
Con el polvo de las alas le dejan los labios y la nariz con brillitos, y yo sonrío, trato de agarrar alguna entre las manos como si fuera la primera vez que lo intento, como si no tuviera un millón de mariposas volándome la cabeza, como si no estuviera masticando 18 cuando le doy besos, como si no estuviera viendo 23 mariposas cuando lo miro y como si no me tuvieran flotando por el aire cuando lo siento ir y venir y volverse a ir llevándose todo el perfume en el tren y los botones.
Me alejo de la estación, me siguen, mientras camino me tocan con las alitas, me doy vuelta y se esconden, pero sé que están ahí, más condenadas y hermosas que las ratas, esperan que llegue el tren del otro lado para volver a hacerme cosquillas abajo del vestido y adentro de la piel.
Pero no me importa, hasta que llegue y vuelvan me voy a quedar cantando…
And when he let’s me sleep away uhhhh, nothing is wrong, he turns me on, I just sleep away, and I’m gone…
I wanna stay this way forever…

miércoles, diciembre 07, 2005

pastillaje sobre hielo



“Buen día, día de solestoy listo para verte.”

"Quiero ser la puerta de tu viajeya no te disuelvas en el aire"

Dos gigantes se colaron a un cumpleaños de ratas que patinaban sobre el hielo.
Ellos también patinaban, se paseaban revoleando los brazos, agarrandose las manos, tironeándose la ropa y agitando las bufandas.
Los roedores se acercaban a sacarles fotos con las narices frías como perros.
“¿Quieren que les saquemos una foto?” les decían, se juntaban sonreían y miraban.
“¿Quieren que les saquemos una foto? Repetían las ratas emocionadas. “No, gracias ratas” les respondían apartándose.
Como perros patinaron, como osos se cayeron y como picaflores escaparon de la pista, blanca y resbalosa, patinable y escarchada como las marcas en el piso, los besos congelados y secos, los cuerpos tibios y deslizables.
Afuera se escuchaba una voz triste y constante que jugaba sola diciendo colores, colores con los que las ratas se tocaban y echaban carcajadas.
Tomaban velocidad, frenaban en las curvas, sacaban una foto y se cortaban, tomaban velocidad otra vez, se reían y las botas se inclinaban.
El hielo se levantaba en cada pierna, cada paso, la música se repetía y bailaban como dos cuartos de helado de limón descocidos.
Se escurrieron por las maderas que ya no resbalaban, los vieron alejarse algunos cogedores que seguían entrenando sobre el cubito de hielo que empezaba a despejarse.
Afuera había nevado, saltaron sobre el hielo amontonado como montañas de azúcar y no había nubes que dejaran los labios dulces, pero había los faroles de un auto y una luna casi media que los miraban.
Se fueron derritiendo con el calor que larga una noche de verano.
Comieron como cerdos, tomaron como sapos, se revolcaron como perros sobre el polvo, durmieron como pájaros, se sacaron fotos como estrellas, se dieron besos como gatos, escucharon música como extasiados, y se despidieron como mariposas, y volaron cada uno para su lado…

martes, diciembre 06, 2005

jazmines giratorios


"Cuando las águilas se esfumen, amanecerá"


¿Y qué me van a decir de los jazmines transpirados por el aire de la madrugada y los cuellos perfumados por la respiración?
¿Qué me van a decir de las flores que se resbalan amarillas de los árboles y los algodones que se van a volar por la mañana?
¿Qué me van a decir de la mañana y los que corren despacio? ¿De los que van caminando con ojos chiquitos y la ropa arrugada?
¿Qué me van a decir de cada colectivo que pasa con portafolios llenos de gente y del olor a mediodía cuando el reloj no marca ni siquiera ocho horas?
¿Qué me van a decir de las camionetas azules con extraños de camisas llenas de crema al volante?
¿Qué me van a decir de los besos y las manos que bailan sobre los teclados mientras el ventilador reparte el aire y la música por diferentes lugares?
¿Qué me van a decir de la sangre que se escurre entre las polleras y la carne que se pasea espiándola?
¿Qué me van a decir de una ciudad con un estudio chiquito lleno de chinos delineados que se asoman al balcón o miran por la ventana?
¿Qué me van a decir de las frases que se posan de los ojos al alma y de las canciones que se esparcen como gotas sobre las espaldas?
¿Y qué vamos a decir de todo esto cuando las ruedas avancen y las risas se callen y ya no hallan manos que se posen en ciudades, cuando no hallan chinos que se asomen a manejar los jazmines, ni ropa que se arrugue con flores amarillas, ni mañanas que se exalten con besos, ni ojos que se vayan cerrando cuando se acabe la tarde, ni sangre que viaje en portafolios azules, ni lugares que se abran como algodones volando, ni música que se asome a balcones que corren despacio, ni espaldas que gotean canciones del alma, ni carne que se escurra bajo las manos con música espiada?
Puede que no digan nada, se callen y sonrían hasta que la puerta se cierre, se abran las nubes y los jazmines decidan explotarse.
Puede que solamente se acuesten, hablen y canten de flores, almohadones blancos, sillas y ojos que no entienden nada.

martes, noviembre 29, 2005

SOMEWHERE OVER THE RAINBOW


Somewhere over the rainbow
Way up high
And the dreams that you dreamed of
Once in a lullaby ii ii iii
Somewhere over the rainbow
Blue birds fly
And the dreams that you dreamed of
Dreams really do come true ooh ooooh
Someday I'll wish upon a star
Wake up where the clouds are far behind me ee ee eeh
Where trouble melts like lemon drops
High above the chimney tops thats where you'll find me oh
Somewhere over the rainbow bluebirds fly
And the dream that you dare to,why, oh why can't I? i iiii
Well I see trees of green and
Red roses too,
I'll watch them bloom for me and you
And I think to myself
What a wonderful world
Well I see skies of blue and I see clouds of white
And the brightness of dayI like the dark and I think to myself
What a wonderful world
The colors of the rainbow so pretty in the sky
Are also on the faces of people passing byI see friends shaking hands
Saying, "How do you do?"They're really saying,
I...I love youI hear babies cry and I watch them grow,
They'll learn much more
Than we'll know
And I think to myself
What a wonderful world (w)oohoorld
Someday I'll wish upon a star,
Wake up where the clouds are far behind me
Where trouble melts like lemon drops
High above the chimney top that's where you'll find me
Oh, Somewhere over the rainbow way up high
And the dream that you dare to, why, oh why can't I? I hiii ?
Ooooo oooooo ooooooOoooo oooooo ooooooOoooo oooooo ooooooOoooo oooooo ooooooOoooo oooooo ooooooOoooo oooooo oooooo

miércoles, noviembre 23, 2005

I was made for loving you baby...


Aca les presento muchachos y muchachas al amor de mi vida, mi novia del alma, estoy muy feliz de haberme enamorado de ella.
Belu, I loviu baby...

martes, noviembre 08, 2005

Casiopea (Silvio Rodriguez)















Como una gota fui de la marea
la playa me hizo grano de la arena.
Fui punto en multitud por donde fui
nadie me detectó y así aprendí.

Cuando creí colmada la tarea
volví mi corazón a Casiopea.
Cumplí celosamente nuestro plan:
por un millón de años esperar.

Hoy llevo el doble dando coordenadas
pero nadie contesta mi llamada.
¿Qué puede haber pasado a mi señal?
¿Será que me he quedado sin hogar?.

Hoy sobrevivo apenas a mi suerte
lejano de mi estrella de mi gente.
El trance me ha mostrado otra lección:
el mundo propio siempre es el mejor.

Me voy debilitando lentamente
Quizás ya no sea yo cuando me encuentren

lunes, noviembre 07, 2005

fiesta de la luna! auuuu

Si!!! alcen los brazos! hagan alabanzas! porque el 15 de noviembre es luna llena y llegan los tambores a lacroze! lleven una ofrenda, brazos y piernas para bailar alrededor del fuego y quemarse las narices con las chispas!
(terminal de trenes lacroze)

domingo, noviembre 06, 2005

terror bajo tierra...













si, es terrorífico cuando no sabemos como meter la tarjetita del subte...y nos quedamos trabados contra la barrita...me van a decir que nunca les pasó?

miércoles, noviembre 02, 2005

EVANGELINA


Duerme aqui Evangelina.
Su dulce tierra fue tan leve
que en un día cualquiera la invadieron los cielos.

En ningún corazón tatuó su nombre como en una corteza.
Ningún semblante amado se sumergió en la aureola de su sueño.

Alquien recuerda a veces vagamente su vestido celeste:

"Acaso es el color de esa estación brumosa que envolvió con sus gasas las altas alamedas...
o quizás el hechizo de algún cuento de infancia donde había una barca abandonada llevando entre las noches de cierto aniversario unas pálidas flores por los ríos".

Nadie lo sabrá nunca.
No es ésta la morada de ninguna memoria,
de ningún olvido.
Por eso aquí la hierba es sólo hierba,
pero hierba celeste.

(Olga Orozco, Las muertes)

lunes, octubre 31, 2005

Mariposas (Silvio Rodriguez)

Hoy viene a ser como la cuarta vez que espero
desde que sé que no vendrás más nunca.
He vuelto a ser aquel cantar del aguacero
que hizo casi legal su abrazo en tu cintura.

Y tú apareces en mi ventana,
suave y pequeña, con alas blancas.
Yo ni respiro para que duermasy no te vayas.

Que maneras más curiosas de recordar tiene uno,
que maneras más curiosas:
hoy recuerdo mariposas
que ayer sólo fueron humo,
mariposas, mariposas
que emergieron de lo oscuro
bailarinas, silenciosas.



Tu tiempo es ahora una mariposa,
navecita blanca, delgada, nerviosa.
Siglos atrás inundaron un segundo
debajo del cielo,
encima del mundo

Tu tiempo es ahora una mariposa,
navecita blanca, delgada, nerviosa.
Siglos atrás inundaron un segundo
debajo del cielo, encima del mundo

Así eras tú en aquellas tardes divertidas,
así eras tú de furibunda compañera.
Eras como esos días en que eres la vida
y todo lo que tocas se hace primavera.

Ay, mariposa, tú eres el alma
de los guerreros que aman y cantan,
y eres el nuevo ser
que se asoma por mi garganta

Que maneras más curiosas
de recordar tiene uno,
que maneras más curiosas:
hoy recuerdo mariposas
que ayer sólo fueron humo,
mariposas, mariposas
que emergieron de lo oscuro
bailarinas, silenciosas...

domingo, octubre 23, 2005

El suicidio


"Cuando eres consciente de la muerte, acabas asumiendo tu propia soledad"
ROSA REGÁS

"En la imaginación de los que sobreviven, los muertos nunca cesan de morir"


"El pesar oculto, como un horno cerrado, quema el corazón hasta reducirlo en cenizas"
W. SHAKESPEARE

"Have you ever seen the rain?"
(¿Has visto alguna vez la lluvia al caer?)
¿Que cae como escondiéndonos del paso ineludible del recuerdo apenas recibido entre los gritos de nuestro silencio?

La mort -La que es manoseada por descuido o por desgracia, bueno, dicen que algunos se llevan bien con ella... ¿Quién lo sabe de cierto? ¿Quién lo supone?-

La soledad, y siguiendo a una sonrisa sarcástica pensamos “¡que palabra!”, como si fuera una extensión de nuestra vida, como si se presentara en cada uno de nosotros.
Acompaña por un tiempo y desgarra todo el siguiente.
¿Como combatir el estar solo? Esta sociedad nos ofrece oportunidades para luchar contra el silencio y la soledad, despliega tantas opciones que nos empujan inevitablemente a caer en un estado más profundo de ella.
Cada frase se hace larga, triste y monótona, estamos rodeados de solos y solas que se juntan, se agarran de las manos y saltan al vacío, a la vía por donde pasa el tren que nos lleva al otro lado.
Abandonamos lo que tenemos por la opción desconocida, la opción de la que nadie pudo hablar con certeza, la muerte.
Al borde del suicidio, cargados de depresión y soledad nos aventuramos a lo que no tenemos pensando que no puede ser peor que lo que vivimos en el presente.
¿Por qué razón no vamos a tomarnos de la mano y saltar hacia la muerte?
¿Por qué no meter la cabeza en el horno y morir ahogada?
¿Por qué no tirarse de un segundo piso para clavarse en la reja del jardín que traspasará nuestra vida y la de nuestro entorno?
Muchas veces nos vemos invadidos por una profunda soledad, más allá de estar en el mismísimo centro de Tokyo, podemos mirar alrededor y no ver a nadie.
“Ciudad grande, soledad grande”
En medio de una sociedad consumista que nos empuja literalmente al suicidio avanzamos temblorosos a vivir con miedo e incertidumbre.
Nos sentimos separados por grandes distancias unos de otros pero tan cerca en sentimiento que volamos como insectos locos para la luz más cercana y cuando la tocamos nos damos cuenta que fue lo peor que pudimos hacer ya que esta fue la lamparita que quemó finalmente nuestra vida.

Himno suicida

La soledad,
Nuestra amante más fiel,
La asesina más certera.

Miramos al vacío,
(Todo lo que nos rodea en sí)
Con una sonrisa perdida
Invitamos a pasar a esta amiga imaginaria,
Se sienta a tomar una taza de vida
Pero desconocemos que es egoísta
Y toma también nuestra parte.

Ingenuos,
Pensamos que tenemos un poco más guardada en algún lugar
Sólo, solo o solos
(Pareciendo chiste)
Escuchamos los recuerdos crujir
En cuerpos viejos, desgastados,
Ausentes.

Una vez me dijeron:
“cuidado con la tristeza, a la larga se hace vicio”

Así se me escapó el tiempo.
Nuestra poca cordura
Se despidió en silencios invariables,
Llegó un punto donde saludaba desde lejos.
Entonces,
Encerrados en alguna habitación
Intentamos salir
Pero nos chocamos contra el vidrio.

En espasmos desesperados
Buscamos alguna puerta,
Alguna revista, libro o amigo
Pero las salidas y palabras
Se convierten en renovaciones de nuestras ganas de estar solo.

Empezamos a ver todo desde el otro lado
Una rueda gira a nuestra disposición
La del infortunio…
¡Pasen a ver el mundo que se hace nuestro!
¡De imágenes fugaces y exhaltadas!
¡Respirar nos asfixia!
¡Caminar nos agota!
¡CUIDADO!
¡No pisen mis recuerdos!
Los acabo de llenar de polvo.


Atrapados del otro lado de la pantalla
Gritamos pero no nos escuchan
Hablamos el idioma del silencio
No manejamos las palabras,
Nos agarramos de las manos,
Sin ver que desaparecieron hace tiempo
Y así nos vamos quedando solos,
Hundidos en la monotonía
Alejados cada vez más de cualquier lugar.

Y tenemos grandes cosas para decir,
Pero no salen
Las palabras se hacen cada vez mas largas
Las letras se escupen y vuelan
O se empolvan y pierden
Pero el suicidio brilla eterno.

Destinados a vivir en la lengua babosa de los medios
En titulares que chorrean tinta irónica,
Sí hay esperanza, sí hay vida
Adentro de páginas y cajas electrónicas.
Porque despertar se hace tortura
Y vivir algo olvidado.

Hay quien escribió una vez:
“suicidio deleitoso, te mueres de risa”
Esa oferta:
La más tentadora
Osada, elegante y discutida
La más recordada y sugerente:
Bienestar rápido, dolor transitorio.
Amplio itinerario de técnicas,
Se convierte en un viaje ansiado.
Donde las agencias de turismo nos matan,
Ejem…perdón.
Invitan a pasear por sus sedes…

Itinerario de viaje:

Opcion1
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¡No lo piense más!
Swiss y D.C. es la respuesta
La mejor opción, elija Swiss y D. C.!

Nosotros matamos su tiempo!


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JUST DO IT (les resulta conocido)

opcion2
¿Buscando nuevas emociones?
¿Desea escapar de sus problemas?
Para saltar de su rutina
Venga al complejo “El puente”
Láncese a nuevas experiencias que le otorgarán plenitud eterna.

Opción3
¿Siente unas profundas ganas de apretar el gatillo?
¿Que esta esperando?
Venga al club de tiro
“el muerto feliz”
¡Si te quedas en tu casa es un disparate!

Duplicado infantil


Tropiezo con un gusano que pareciera ser un rollo de película. Le pregunto a un duende que pasa por al lado mío sobre las características de dicho rollo. 8 milímetros responde el duende consternado. Atardecer en negativo. Flores de madera, pétalos que sangran savia. Por eso es que está pegoteado el rollo de película. Fotografías pegajosas y sangrantes. Debe de ser un drama lo que se imprime en ellas. Ahora aparecen otros duendes, siempre de un verde metálico indescriptible. Y ensayan algo así como Shakespeare valiéndose de nueces y cardos para abreviar la escenografía. Tan ínfimos que se pasean por entre los pliegos del rollo, siendo como patitas del gran cien pies celuloso, escabulléndose por entre los agujeros, los troqueles de la cinta empastada y difusa. Llego a contar 13 atardeceres, uno por cada dos cuadros de rollo, y vos me habías dicho “13 de octubre” hace unos minutos, dentro del bosque de eucaliptus. Y luego "no puede llover todo el tiempo", no lograba entenderte pues no caía agua de ninguna parte, solo sabía de los pétalos. Pronto di cuenta que los duendes habían llovido, ellos habían llovido sobre el bosque de eucaliptus, y di cuenta de mis heridas, algunas en la espalda, otras y de diverso calibres en las piernas, una muy profunda en el torso, esa era la que mas me preocupaba. Ahí es cuando tropiezo y los atardeceres se multiplican, igual que la savia que ahora es clara como el agua que nunca llovió, es tan clara que la veo caer de mi cuerpo, preso del dolor mas ambiguo y extraño caigo ante el rollo de película, y me volvés a decir al oído "no puede llover todo el tiempo", entiendo que las gotas se derraman de mi cuerpo como la savia entre los agujeros del rollo minúsculo, mi sangre verde y pegajosa... las gotas vestidas de duende, las pequeñas bisagras del insecto translucido que ahora lentamente se mueve, se pasea entre mis raíces cansadas y secas... Aún falta mucho para octubre, no creo llegar a nacer entre sus días de la misma forma en que muero entre tus pétalos...

Joel resplandece llorando
Joel se deshoja de sus plumas y me deja un camino trazado para volver
Joel me tiende una de sus manos de cristal
Joel sigue lloviendo y atardeciendo
Joel dibuja con los mejores colores
Pero la lluvia moja las plumas
Y el cristal se resbala de las manos
Se ve nublado pero siempre se filtra algún rayo.
Joel deja un rastro
Voy a juntar todas sus lagrimas
Y cuando ya no me entren en las manos
Voy a guardarlas en zapatos de cristal:
Y después de andar por muchos caminos;
con el cristal de tus manos y mis pasos cristalinos
Podamos pasear un rato mas por el mundo.

Joel, ¿dónde estás?
Una gota cayo entre sus ojos mirando el cielo.
***

Ruedas rodando sobre la pendiente,
Pendientes las piedras que rodaban abajo,
y arriba:
los pedales,
pedaleando arriba:
los pies, dos piernas,
las pobres piernas (que venían casi siempre una atrás de la otra)
cansadas de correr atrás de los sueños
(inalcanzables pero no imposibles)
del muchacho seguían el ritmo desenfrenado de la tarde.
Vamos mas arriba, las manos,
(dos en realidad) ;
manos fuertes como el azúcar,
prendidas al manubrio.
Mas arriba? un cuello, una cabeza,
(claro, no podía faltar)
un alma, tan pero tan alta, que tocaba el cielo
(sin alas ni siendo avión)
llegaba al final con los ojos.
El cuerpo después,
era lo de menos.
Siempre el cuerpo era lo de menos...
Y el aire? como olvidar el aire?
Contra la cara,
los ojos cerrados,
luz, árbol árbol árbol luz..
terminó el bosque.
Abre los ojos
y ya pasó.
Ya pasó todo.

"Te quiero, no te vayas.
Y la niñez se alejó saltando..."


Siempre nos sirve recordar.
El pasado lo escupió de repente, devolviéndolo al mismo lugar del que había escapado (el presente por supuesto)
Pero esta vez fue algo diferente, ya no era lo mismo.
El acceso y la estadía habían cambiado,
Había crecido, pero recapacitó unos instantes y pudo ponerse a recordar lo que lo mantuvo alejado de la habitación por unos dulces instantes que no fueron producto del café.
Pagaría lo que fuese por volver a servirse otra tacita de esos recuerdos...
Algo pasó cerca de su oreja.
un mosquito? No!
Aire? Tal vez
Un roce? Mmm...
Un beso? Ojalá
Shhh...
Unas palabras:
“prohibido esperar”

¿estaba escuchando voces?
“Si” (le respondieron)

Volvió a cerrar los ojos,
Vio azul, vio verde, dorado y plateado,
vio un pájaro, las olas, el acantilado, un espejo, ella
Ella riendo,
ella pintando, ¿lo? ¿se?
Ella llorando, ¿le?
Ella enamorando ¿se? ¿lo?
Ella mirando ¿lo?
De vez en cuando la veía
De vez en cuando ella también
Y De vez en cuando la escondía
¿Por qué?
Quién sabe...
Pero siempre estaba.

Mas tarde, mas despacito, casi acariciando su oído:
Un susurro, de almendras y hojas otoñales,
Que lo devolvía cayendo suave y ligero sobre los colchones de julio
Y le prestaba algunos rayos de enero para que no tuviera frío.

Fragmentos de Junio


(se partía en pedazos variables)

2/6/05

A veces, da un poco de miedo que estemos todos envueltos con la misma piel y seamos tan asquerosamente distintos…

Hay menos luz y sangre que el mes pasado, pero la piel no había cambiado todavía.
La linterna alcanza a iluminar algunas letras.
Es un día nublado, afuera sopla el viento.
Adentro, casi ni respiran.
Pasa la página y un escalofrío le recorre la espalda.

-Despertate, estás soñando demasiado.
-Pero no me quiero despertar
-Entonces hablá
-Estoy hablando! Estoy gritando!
-Pero no te escucho!
-Ya se, es que nunca abrí la boca.
-Entonces dejá de dar besos y abrila.
-No puedo, hasta llorar me parece en vano.

Tengo miedo esta vez, y un poco de frío.
Hacía tiempo que no venía a este lugar.
¿Hay alguien?
El eco de mil voces rebotó entre las paredes de su cabeza y le sangraron los párpados con sal.

Inscrito en una pared se leía:

“cría cuervos, te pedirán que les beses los ojos y los abraces antes de ir a dormir”

Las ventanas se pegaban a los edificios como cuadrados de papel glasé metalizados.
Esperaba el colectivo como si no tuviera nada mejor que hacer.
Y mientras los demás bailaban y tomaban lejos,
Las lágrimas caían tibias de sus ojos y el colectivo no venía.


Sabes Pepper, no arrojes perlas a los cerdos…
Christine

Se retorcían desvelados, con miedo de que la mañana los sorprendiera sin poder despedirse.
Fue peor el disgusto.
Ella despertó y notó que él ya no estaba y solamente le dejó un poco de gusto a sueño en la boca.
No te preocupes, fuiste siempre tan cuidadoso que nunca pudo quedar algo más entre nosotros.
No hace falta ni que mires debajo de la cama o levantes la frazada, desapareció todo antes de que pudieras pestañear.


“And the day came, when the risk to remain tight in a bud was more painful than the risk it took to blossom”

19/10/04


en la terraza del vecino mirando el cielo a la hora del atardecer...

La infinidad de una gota desparramada en el cielo
Mil gotas
Mil cielos
Los mismos ojos.

Mirando con la melancólica perspectiva juvenil que aflora naturalmente se que es el momento de contarlo.
Mas tarde, ya no seria lo mismo.
Perdón, mas tarde, no sería la misma...
Y Siguió mirando el cielo perfumado de cantos voladores.

Primero empecé a perder los rasgos.
Lo note una vez que miraba un álbum fotográfico, las facciones eran irreconocibles, el color del pelo ya no era el mismo que conocía, la persona que miraba desde la foto era una completa desconocida.
Intentando frenar los cambios me paraba frente al espejo y cada vez reconocía menos el reflejo que me devolvía, intentaba hacer gestos del pasado, pero no salían igual.
Finalmente, tuve que entregarme a los cambios con la inevitable certeza de que no podían ser detenidos, aceptando un día que había crecido.

acordes incoherentes

[Vox dei a todo lo que da en el auto, la madre fumando y cantando mientras se mueve de un lado a otro con los ojos cerrados, las dos hijas sufriendo mientras les sangran los oídos]

-¡Ma! ¡el cigarrillo se está fumando solo!
-Nooo! (con tono de canción) se lo fumó vox dei! (???)

oh oh oh It's over


Más altura.
Solamente viviendo en el interior, respirando el mismo aire, tragando el mismo odio, escuchando por los mismos oídos, llorando las mismas lágrimas y perdiendo la misma sangre se puede llegar a entender.

Acostado boca abajo , con los brazos a los costados del cuerpo, la boca abierta, sueño pesado, ronquidos profundos, se atraganta con saliva y tose, más cerca, más cerca, abre los ojos, pestañea y la ventana está abierta, las cortinas se mueven, se ve la botella de Whisky borrosa en la mesa de luz.
Una silueta borrosa como la botella se dibuja en la ventana, piensa que es un árbol, pero no tienen árboles en el patio.
La figura sigue ahí, lo saluda y se inclina con un salto como si fuera un estornudo ajeno imposible de evitar.
La sombra desaparece sobre su piel, piensa que todavía dura el efecto de las “pastis” que se había metido a la madrugada, así que no le presta demasiada atención, vuelve a cerrar los ojos y se duerme.

Abro los ojos, tengo gusto amargo y alquitranado en la boca, me arde la garganta, se me parte la cabeza, podría seguir durmiendo y no levantarme más, pero no me atrevo todavía, necesito más tragedia, más tiempo, quién sabe, muy posiblemente todavía queda algo en ella. En cuanto se vaya no me va a importar nada más, desde este momento no me importa nada más.

Siempre pensé que para entenderlo tenía que ponerme a su altura, hundirme como él, internarme en el mismo mundo en el que se movía.
Finalmente lo conseguí, me acerqué tanto que quedé metida en su misma carne, y acá estoy, acostada sobre una cama ajena que no me pertenece, perteneció y no creo que pertenezca nunca…

Y lo peor de todo es que por más que quiera levantarme no puedo, una presión me hace cerrar los ojos. Nunca me dijo cuando se iba... No me importaba, necesitaba estar en él, entender lo que sentía cada día, cuando se levantaba, cuando trabajaba, cuando caminaba, cuando se miraba al espejo, me hubiera encantado verlo mientras se miraba, hubiera sido como tenerlo una vez más enfrente sin que lo supiera de la intrusa moviendose atras de sus ojos.
Me hubiera gustado saber si alguna vez sonreía...

Nos incorporamos un poco en la cama casi impulsados por una fuerza no propia, miramos alrededor, faltaban 3 horas, prendimos la computadora y un cigarrillo, calculamos 3 horas de música, nos tiramos en la cama, era cobarde, pero también era el día, agarramos el frasco, se rió y dijo “here today, gone tomorrow” como si brindaramos con una copa, hicimos una marca sobre el recipiente y pidió 3 deseos con los ojos cerrados, se río una vez más, cerramos los ojos y las pastillas cayeron como pochoclos en su garganta, las bajamos con un poco del Whisky que adornaba la mesa.
Mientras sonaba:
"And I think of times we were together As time went on it seemed forever But times have changed Now things are better Someone had to pay the price"

El frasco estaba vacío, nos tiramos sobre la cama con la mitad del cuerpo tapada y la otra mitad desnuda, estabamos muy livianos.

En la computadora sonaba: "like to see you go go go go goodbye, like to see you go go go go goodbye…"
Estabamos con los ojos cerrados y él se reía. Las notas se expandían por el aire y nos hundíamos sobre el colchón.

Había llegado hasta él, había entendido, podría haber elegido otro día para entender, en ese momento fue cuando descubrí que hubiera sido mejor no entenderlo nunca.
Pero por lo menos, lo había sentido reír una vez más.

El ventilador giraba en el techo, la música seguía sonando, el cuerpo estaba echado sobre la cama como ropa sucia y el cigarrillo se consumía en el cenicero.

El repuesto pasajero (uy que miedo)











El repuesto pasajero

¿Quieren un cuento de terror? Yo tengo uno perfecto justo debajo de la manga.
Si conocen algo mas terrorífico que el amor, por favor, aléjenlo de mi. (Soy impresionable)
Así que empecemos sin dar más vueltas.

Creo que para contar esta historia, no me va a quedar otra opción que empezar desde el principio.
Corría un tiempo donde ella andaba medio perdida. El verano amagaba con quedarse un rato más y ella pensaba que ya no existían esperanzas para enamorarse.
Muy en su interior, sabía que iba a ser otra primavera perfumada y sin amor.

Se había acostumbrado a desentonar con canciones románticas, las escuchaba como si fuera lo único que la reconfortara en el medio de tanto ruido.
Un día, lo conoció.
Se miraron una vez y supieron enseguida qué pasaba, como si las letras hablaran por ellos.
Él decía mucho, ella lo miraba más.
Lo contemplaba como un sueño, desde lejos.
Él empezó a acercarse. Ella dejó caer sus ropas y verdades sin peros. Pero ya saben que no todas las verdades son iguales.
De esta forma, empezó una relación donde todo se veía misteriosamente verde, un verde brillante, que prometía soles y amaneceres sostenibles.
La lista podría haber seguido, pero debo ser breve en esta historia, pasaron tantas cosas en tan poco tiempo, que ahora es muy difícil ordenarlas.
Como ya dije, el verano amagaba con quedarse un rato más, pero a ella ya no le importaba la estación, sentía que podía llegar a cualquier lugar, en cualquier momento, no le interesaba la fecha, solamente lo seguía a él como un perro feliz que encontró al amo de sus sueños. (ustedes entienden)
El sueño se seguía acercando, la envolvió, durmieron juntos, se acurrucó entre caricias, palabras dulces y besos suaves.
El reloj había marcado el tiempo que siempre deseó. Ahora que tenía la hora mas dulce ante los ojos no podía creerlo.
Muchas veces cuando se espera algo con tanta emoción y ansiedad, es difícil caer cuando está finalmente hecho carne ante nosotros.
Nunca se había sentido así.

En cuanto a él, bueno, me limito a decir que presentaba una visión tentadora, palabras certeras y constantes, un cuerpo con todas las marcas esperadas y rezadas por tanto tiempo. “no puedo creer que te haya encontrado”, “me encanta estar con vos”, “no pienses que todo esto lo tengo pensado” “nunca me sentí así”
“te amo”
Una colección de frases espeluznantes.
Pero como dicen, “ demasiado bueno para ser real”.
Ambos aparentaban y se sentían partícipes del mundo que habían inventado. Pero al final, todo fue un plato de gusanos decorado con crema.

Suele pasar, se dijo durante un tiempo ella.
El amor, empieza como un capullo, se abre, hay pasión, de repente ¡explota!, ¡grita! Y llora.
Después viene la verdad (o no) y vuelve a empezar desde el principio.
Vendría a ser una especie de círculo en el que se puede salir evolucionado o muerto.
Pero si no se respetan alguno de esos pasos, lo mas posible es que la historia quede girando alrededor de un eje descolocado; un eje que marea a los participantes y hace vomitar lo que no encaja en el juego.
Finalmente el organismo expulsa lo que no tiene que estar, pero los cambios no son inmediatos.

Bueno, el tema es que empezaron a estar juntos.
Parecían tan reales, él, con sus manos y ojos cerrados acariciándola; ella, con sus labios y ojos cerrados besándolo.
¡Ahí!, miren bien, si se fijan bien mientras ella lo besaba ¡tenía los ojos cerrados!
Los ojos cerrados la mantenían en ese estado de borrachera amorosa y perfecta, estaba atada a un mundo donde solamente podía ver con los ojos bien cerrados. Si los abría sabía que el sueño se iba a terminar.
Si miran un poco mas cerca todavía, notarán que mientras él la acariciaba también tenía los ojos cerrados. ¿Eso tiene realmente sentido?¿qué necesidad tenía? Para dar un beso se podría tomar como normal cerrar los ojos, pero para acariciar a alguien ¿se cierra los ojos realmente?
Pero la cuestión mas interna y desconocida hasta para nuestros dos participantes es que ambos cerraban los ojos por diferentes razones.
Él, se dejó caer en los brazos de la muchacha sin muchos cuestionamientos. Linda, fácil, medio rota, divertida, un buen partido.
Ella, no podía creer que él hubiera caído en sus brazos. ¿Lindo? ¿fácil?¿Enamorado? ¿y qué estaba haciendo en sus brazos? En fin, se limitó a sostenerlo y disfrutar.
Eran la combinación perfecta de agua y sal cosiendo heridas de amores viejos que se desvanecieron como si nunca hubieran existido.
Pero no vayan a creer que ellos estaban informados de esto. Definitivamente no.
Les escondimos partes del asunto, para ver cómo reaccionaban ante un giro inesperado. Mas allá de cualquier giro que pudiéramos darle a la historia, el final estaba escrito desde la primer palabra que cruzaron.

Estaban enloquecidos y se sentían bien juntos (eso no se puede negar) no podían separarse, pero volvemos una vez mas al problema del principio, cada uno tenía sus razones.
Por un lado ella no podía dejar ir el mejor de todos los sueños, y por el otro lado él, la abrazaba para llenar un vacío que ni él mismo entendía, la sentía dulce y lo curaba por un rato. Pero bajo ninguna circunstancia podía lucir su tristeza. Ni siquiera se podía atrever a sentirla.
Estaba bien, pero eso no le alcanzaba, entonces siguió hasta sentirse mejor.

Caminaban agarrados de las manos o abrazados, hacían todo ese paquete de cosas cursis que aparece en los escalones de la puerta cuando uno está enamorado.
Miraban el amanecer como dos imbéciles y sonreían como si todo fuera real.
Es más, creían que todo era real, nadie puede afirmar lo contrario, pero era un momento, se desvanecía y empezaba otro.
Había cosas sospechosas en sus palabras, pero ella se tapaba los oídos, cerraba los ojos y se reía sin objetar cuando lo señalaban con dedo acusador.
Eran tan espesas sus palabras que su sueño se fue transformando de a poco en una nube densa que le apretaba el pecho, pero como estaba tan sedada entre caricias y besos no le importaba demasiado.
Cualquier duda se resbalaba por la pendiente que los unía. Había depositado toda su confianza en él y más.
Pero no quedaba mucho de este tiempo, la parte feliz de la película había terminado.

Llovían rosas del cielo, ellos abrían la boca y tragaban las espinas con los brazos abiertos, pidiendo más.
Ella tendría que haber notado que cuando él la tomaba de la mano no la agarraba fuerte.
Pobre alma. Era tan alegre. Parecía tan ingenua.
Pero un monstruo se gestaba en su interior.
A mi entender, el monstruo estuvo ahí desde siempre y estaba esperando la ocasión perfecta para salir.
Aunque muy en lo íntimo, este monstruo ya le había dictado el orden de los sucesos, por eso cerraba los ojos y se tapaba los oídos con tanto dolor y dulzura, para callar la única voz que le hablaba siempre y sentenciaba las peores formas: Su propia voz.

Un día cualquiera, nuestro querido participante masculino, se golpeó la cabeza y cayó.
Un terrible golpe, cuando abrió los ojos y lo miró, algo había cambiado, los ojos ya no brillaban, ahora eran oscuros y helados. Era como si el brillo hubiera quedado atrapado detrás de un vidrio.

Estuvo mucho tiempo deprimido por haberse golpeado de una forma tan tonta, pero no tenía sentido que estuviese tan mal solamente por un golpe, si sabía que iba a estar mejor, la tenía su compañía incondicional pero sin embargo, seguía hundido en su malestar. Algo no terminaba de cerrar.

No entendía por qué todo tenía que ser tan complicado si lo que sentía por él era tan simple.
De repente, las manos no les alcanzaban para tapar el espacio que los separaba.
Cierto día, para confirmar cualquier sospecha de que el mundo se había movido, le descubrió la marca de un amor marchito que brillaba en su pecho, decía que le picaba, se disculpó y empezó a rascarse con una ira tremenda, estaba a punto de arrancarse la piel; pero la marca seguía brillando.
Lo miró perpleja, y fue en ese momento cuando notó que ella también había cambiado.

La criatura en su estómago seguía creciendo y en ese tipo de momentos quería subir por su garganta, le arañaba las paredes internas y gritaba desde el fondo, pero ella no lo dejaba salir de ninguna forma. Además, no sabía cómo hacerlo.
No pudo decir nada hasta que el visitante empezó a servirse de sus vísceras y ella a escupir sangre.
A diferencia de ella, él escupía sangre desde antes.


Pasó un breve espacio entre ellos y el mundo se había movido, sus manos también.
Ya no le interesaba tanto el alma ni la lengua, soltaba a las dos con el mismo aburrimiento.
Un día decidió cambiar los besos por golpes.
Empezó con el puño cerrado sobre las mejillas, le partió el labio y lamió la sangre como para contenerla y seguir teniendo carne viva que golpear.
Después fue más arriba o más abajo todavía, como lo quieran ver en realidad. La arrastró del pelo, tenía un pelo hermoso, largo y rojo, pero a él no le importó, lo tironeó con desdén y se lo arrancó con los dientes.
Su próximo paso iba a ser el estómago, pero ya no le alcanzaba con las manos, necesitaba algo cortante, algo filoso, una puñalada directa a la boca del estómago estaría bien.
Pero en ese punto el gruñido fue monstruoso, se frenó en seco y se quedó mirándola desorientado.
Miró a su alrededor y se dio cuenta que las paredes estaban salpicadas de sangre.
La volvió a mirar, ella tenía las manos llenas de sangre; le miró el pecho con una mirada burlona.
Inclinó su cabeza y se miró directo donde tenía la marca, pero ya no estaba, en su lugar había un hueco por donde se veían músculos y costillas, y si se agachaba mucho podía ver la pared del otro lado.
Se dio vuelta y vio una línea bien marcada y roja que terminaba en el cesto de basura y seguía dentro del mismo.
Se acercó medio tambaleante, miró dentro del cesto y allí estaba el órgano; tirado como un bulto fláccido, se quedó mirándolo extrañado; nunca pensó que fuera tan chico.
Ese fue el último pensamiento que tuvo.
Ella se quedó un tiempo mirándolo en el piso, se acercó al cesto y conmovida por la imagen vomitó dentro. Después miró la habitación, suspiró, apagó la luz, cerró la puerta y se fue.

Ustedes se preguntarán cuál es la moraleja de esta historia, bueno, vamos a decirlo así, no todo es lo que parece, y lo que parece termina siendo mucho menos de lo que pensamos, así que siempre que escuchen al amor cerca de su puerta, corran y escóndanse debajo de la frazada o simplemente, sigan a su corazón.

Batidos de lluvia con A


(empieza a gestarse el dolor)

“I promise next time we’ll be perfect
strangers when we meet,
strangers on the street,
lovers while we sleep”


A la hora donde ya no quedan notas o caras felices;
Aparecen nuestras manos flotando,
sueltas y solas, con mas gotas que minutos
y mas lagrimas que sangre.
Se desesperan por atrapar alguna baranda o reja,
encontrar algún grito o al menos traspasarlo.
Pero el eco irónico se sigue escurriendo en los aplausos.
Entre dedos irritados por el ritmo
Se arreglan secos y seguidos sin palpitaciones ni respiración.
Perseguidos por uñas y dientes que se agitan con hambre y sed.

Las sonrisas fallidas a falta de cara y las caras derretidas por no saber sonreír abren el telón a esta comedia infaltable que nos pisa la sombra, nos escupe de algún balcón.
sin tener saliva disponible para corresponderle, le ofrecemos una reverencia inerte.
Nos da igual mirar para arriba o patear la vista un par de baldosas mas; el día no va a cambiar por levantar las pestañas un par de centímetros.
Y así, se mal acostumbran y caen sin fundamento y aburridas,
hacen la vista gorda como quien diría (pesando el doble),
los párpados se vuelven insostenibles;
el inmutable ejercito de la gravedad
se extiende vago y rebelde,
venciéndonos sobre alguna mesa, cama,
frente a alguna pantalla,
mientras algunos curiosos nos ven pelear contra el sueño o caer sin oposición, desparramados sin apuro ni frío.
Despacito y sin pensarlo demasiado,
seguimos arrastrando los sueños con la parte que sobra de los pantalones.
Callados, Arriba de ese ruido conocido,
seguimos un poquito mas,
con el grito ardiendo sobre los labios,
el silencio compenetrado en coser nuestras palabras, y así completar el dobladillo de nuestra tristeza.
Unos pasos más...
Arrastrarse empieza a ser hasta divertido.
Las piernas se gastan como gomas de borrar,
dibujamos el camino con la punta que nos queda sana,
se nos va achicando el cuerpo y empezamos a llorar,
llueve y las gotas borran el rastro, ya no queda piel, lagrimas ni trazos.
Solo un grito,
atragantado sobre un charco.
Alguien camina cerca,
sin saber (ni querer, como muchas veces sucede), lo pisa al pasar.
El charco se dispersa.

El agua, desesperada y tibia, se abraza a las medias, a la piel.

La lluvia, constante y sin dudas.

El silencio de las 3, torpe y solo como de costumbre,
se resbala y cae.
Se rompe y un grito agrio se escapa diciendo:
Pedían sangre!, pedían sal!
Ya no tengo venas!, ya no tengo alas!
Estas son mis manos!
Ya ni siquiera puedo llorar!

Se quedó así,
de rodillas, con las palmas hacia arriba,
mientras la lluvia seguía cayendo,
constante pero tibia,
El agua bajaba del cielo, de sus ojos, de las alas,
El silencio la escuchaba y se quedaba quieto mientras la herida se cerraba
y la lluvia empezaba a parar.

La última flor de septiembre


“Say, there’s a last kiss”

Hacía meses que se limitaba a ser un bosquejo de persona.
Caminaba perdida, con la mirada ausente, los brazos caídos, los ojos hinchados y la piel medio violeta.
Las lágrimas se habían transformado en un complemento de sus días.
Miraba televisión casi como un zombi, la visión estaba borroneada por la sal.
Bailaba al compás de la música aunque todo llegaba con un ritmo lento y puntiagudo.
La comida caía en su estómago como las gotas de una canilla que nunca deja de gotear.
Las palabras rebotaban dentro de su cabeza como si fuera una caverna.
Todo parecía estar vacío.
Tenía que haber algo que doliera un poco mas que el amor, muy posiblemente el cáncer.

Después de un tiempo, las lágrimas se habían secado con el sol, claro, y de vez en cuando sonreía. Pero la sensación de vacío la acompañaba a todas partes.
Después de haber conocido el cielo, no podía limitarse a vivir como antes en el mismo lugar.
Entonces cambió de lugar, pero la sensación la siguió y se instalo en ella como un parásito.

Había pasado mucho tiempo.
Un día, sonó el teléfono.
Era domingo y era él.
Un par de palabras alcanzaron.
Todos sabemos que los humanos nunca aprenden; y lamentablemente, ella era humana también.
Se lavó la cara, se peinó y tapó con un poco de rubor los surcos que habían trazado las lágrimas.
Se miró una vez más en el espejo.
Se sentía un poco mejor, pero todavía no lo terminaba de creer.
Se perfumó y salió apurada con el amor envuelto en una caja. Estaba medio pegoteado y quebradizo, pero milagrosamente en una sola pieza.
Era un día nublado, no había nadie en la estación, se podía sentir el olor a lluvia en el aire.
Tenía un extraño presentimiento de que las cosas iban a salir bien esta vez.
Hasta se iba a tomar la molestia de ir a su lugar.
Ahora solamente quedaba esperar.
No le iba a importar demasiado esperar esta vez; había esperado tanto, que un par de minutos más no la iban a matar.

Entonces él llegó.
Bajó del tercer vagón.
Se quedó mirándola desde unos metros con los brazos colgando al costado del cuerpo.
Traía una rosa blanca arrancada de algún jardín en la mano.
Eran los únicos en la estación.
Ellos, el viento y la lluvia que estaba por llegar.
Se miraron inmóviles por unos instantes.
Ella sonrió y corrieron los dos.
Ahora eran dos personas que se habían chocado en un mismo beso.
Un solo beso que selló todas las lágrimas absorbidas por la tierra. / perdidas por el camino.
El cielo empezó a regar su abrazo con una llovizna leve.
Los besos estaban desesperados y las palabras no eran necesarias a esa altura.
Hacía tres días que había empezado la primavera.
La lluvia de septiembre los empapó con todo el delirio de la estación.

Se rompe el silencio:
EL:“Perdón”
Dijo él, mientras sostenía la cara de ella entre sus manos y las lágrimas de los dos se mezclaban con las gotas de lluvia.
ELLA:“No, no, no”
Repetía ella, y con cada negación le devolvía un beso por cada minuto perdido.
EL:“Estás temblando”
ELLA:“Sí”
EL:“Por qué?”
ELLA:“Es que soy feliz otra vez”
EL:“Me vas a perdonar alguna vez?”
ELLA:“Siempre”
EL:“Te amo”
ELLA:“Shh, la lluvia”

Estuvieron juntos el resto del día, había llegado la noche y tenían que volver.
No tenía palabras para explicar cómo se sentía.
Había parado de llover.
Se despidieron seguidas veces y el corazón le palpitaba como si lo hubiera estrenado ese mismo día.
Después de caminar un rato, volvieron a la estación para despedirse definitivamente.
La ciudad había adquirido una tonalidad verdosa, muy posiblemente por la lluvia y el nuevo día que se acercaba.

El último abrazo.
EL: “Abrazame fuerte, más fuerte, más”
ELLA:“Te amo”
EL: “Va a estar todo bien”
ELLA:“Ya se, pero todo es mucho, por lo menos estemos bien acá, ahora”
EL : “Te amo”
ELLA: “Yo también, siempre. Pero me tengo que ir ahora”

Un último beso por el día que quedaba.
La miró con ansiedad.
Ella le devolvió la mirada con las mejillas rosadas ya no por el rubor sino por el amor que le desbordaba cada centímetro del cuerpo otra vez.

ELLA:“Estoy justo donde quería estar, soy tan feliz”
EL :“Yo también, te amo”

Ella se rió y le soltó la mano liberándolo en un gesto dulce para que se fuera finalmente.
Él se alejó y ella se dio vuelta para volver.
Estaba tan feliz.
Ahora que lo tenía otra vez, no iba a arriesgarse a perderlo.
El tren pasó y ella dormía feliz sobre los rieles.
No había nadie en la estación.
Solamente, una rosa blanca olvidada sobre un banco como testigo del encuentro.

Abril voló con la mañana

(el juego de las lágrimas)

“ Y tan pronto una lágrima caiga, miles de estrellas juzgarán que fue en vano”

“Ella solo intenta ser feliz, tropezando está”


Por más que mire adelante y tape los costados del camino con las manos, vuelvo atrás y es inevitable convertirme en sal.
Algo en mí sigue gritándole al mismo cuerpo, pero parece estar tan muerto y en silencio como la tierra de cementerio.
Siento el dolor clavado entre la garganta y el pecho, supongo que son los mismos gritos que vuelven asustados después de no encontrar el destino que esperaban.
¿Raíces de promesas atragantadas?
Se pudren calladas
Se extienden grises
Y por todo el cuerpo, se ríen.
(Afortunadamente tengo uno solo)

No puedo contener las lágrimas cuando pienso en esto.
Pedirme que no llorara sería como arrodillarse y rezar para que todavía estén en la arena las pisadas que quedan antes del día.
Despierta del sueño y tirada en la realidad empieza a ver que nada fue real.
Es simple, inocente y tonto, pero duele como un disparo en el medio del estomago.

Una tarde.
Estaba abrazando el cielo entre los brazos; rodeada de árboles que oscilaban entre el verde y el plateado, había estrellas y soles que brillaban en la misma escena.
Cerré los ojos (solamente por un segundo), tragué saliva y note que algo había cambiado.
Ahora la saliva era espesa y salada; si me hubiera escupido la mano sé que habría quedado manchada de sangre, densa y oscura.
El aire estaba distinto y hasta las personas se movían de forma diferente.
Realmente nunca voy a poder saber con seguridad si los demás cambiaron, hacía tiempo que no los miraba.

Tenía los ojos abiertos y claros.
Quise hablar, pero mis labios estaban cocidos con hebras negras.
Hacía frió y ya no tenía ropa ni manos.
Quise abrazarlo otra vez pero ya no estaba en el mismo lugar.

Se había alejado y me dejó desnuda, sin besos y con frío.
Pensé que yo podría caer en la misma dirección, al mismo tiempo, con la misma canción, pero nunca pude encontrar el camino por donde se fue.
Llegué a un punto donde una luz verde se prendía y se apagaba de fondo, pero los gritos en mi cabeza finalmente la terminaron apagando.

Mis muñecas seguían chorreando desesperadas y no podía extenderle nada de lo que tenía.
Fue en ese momento cuando me di cuenta que había entregado todo.
Acosada por una contradicción divina y asquerosa, me encogí y miré sonrojada por el amor que me desbordaba y el vacío que convivía en el mismo cuerpo y alma.

No se podía determinar si él caía o se arrastraba; lo único seguro era que se alejaba.
Mientras, las lágrimas brotaban rojas, dejándolos solos en la misma sintonía de tristeza.

Mis manos, que hacía unos días estaban perfumadas como dos flores abiertas a las caricias de una primavera inesperada, ahora colgaban de los árboles; sin vida y lejos del cuerpo que tanto las necesitaba.

No pudo hacer otra cosa más que llorar.
Los gritos se quedaron entre su garganta y el pecho, los ojos estaban cerrados, las muñecas sangrando y la boca cocida con la misma hebra negra que ataba las manos pendientes.

Sentía como si el cuerpo le fuera a explotar.
Tenía tantos pétalos abrigados para él entre sus manos y el pecho que no podía soltarlos en la primera tormenta que se levantara.
Necesitaba tener un tiempo más el perfume cerca de su alma, para que los recuerdos no se impregnaran de humedad y olvido.
Más adelante, sabía que los iba a dejar ir si era necesario.

Y cuando preguntan por él,
Se suele decir que, sin previo aviso ni despertadores, se lo llevó el día y no dejó ni siquiera un beso de despedida o una caricia dibujada en un papel.

En cuanto a ella, bueno;
Se le fueron gastando las lágrimas de a poco.
Ahora tiene menos sangre, pero todavía le alcanza para un par de años.
Empezó a sonreír y a levantar las alas otra vez.
Casi siempre busca los lugares con sol, pero nunca dejó de extrañar ese par de ojos, las manos, la sonrisa y sobre todo, ese sentimiento que desapareció sin decirle a Dios.
¡A Dios! ¡Si Dios ni siquiera sabía cómo se llamaban!
Ahora, solamente deja caer un par de gotas los viernes o los días de lluvia (para disimular el dolor a los ojos curiosos).
Otras veces, se pone a mirar el cielo del amanecer y levanta la mano en un reflejo casi desquiciado.
Tapa el sol y espera, quizás, que otra mano se una a cubrir los rayos que faltan tapar y le devuelvan aunque sea tres segundos de ese sentimiento perdido entre las primeras horas de la mañana.