miércoles, diciembre 21, 2005

AdelantE!











Adelante Madame, pase y siéntase como en su casa…
La sentaron sobre un sillón de cristal, le trajeron un vaso de Fresita y la agasajaron con medias lunas de plata.
Ella permaneció quieta con su sombrero de trébol y su vestido de gasa azul, nos miraba y alargaba los labios pintados con rosas rojas hasta que una sonrisa desinteresada se dibujó en su rostro, agarró el esmalte y se empezó a pintar las uñas.
La ansiedad los espiaba por todos los rincones y ellos tenían los ojos desorbitados por lamer aunque sea un hilo de su vestido.
No aguantaron más.
Se partieron y tomaron a la mujer extasiada de azul por los brazos, la miraron un rato con hambre y la tragaron en pedazos como los pétalos de una flor comestible.
Era amarga pero se decía más dulce que un regimiento de enamorados a punto de explotar.
(Más tarde)
Se le escurrió en las orejas una ola de calor que contagió a los hombros y la espalda, las luces se suavizaron y la velocidad también.
Arañando el aire se bajó del taxi, caminó unos pasos y el piso se hundía como gelatina de manzana abajo de los pies.
Ese día se cayó un demonio del cielo, se pintó los ojos, se mojó el pelo y se puso a bailar sobre la pista sosteniéndole una mano por vez.
Entraron y sonaron en círculos, se retorcían y no resistían tocar el empapelado que envolvía los cuerpos.
Se les erizaba el alma mientras los músculos se desinflaban y empezaban a correr hormigas por la sangre.
Las manos rebotaban hasta que soltaron a unas sirenas que andaban chapoteando por el aire, sacudían la cola, cambiaban de color, de azul a rojo, de rojo a blanco y el blanco subía como una nube navegable.
The music was open, eh?! Eh?!
Suspendidos por una pausa irremplazable se tiraban contra paredes de carne acolchonada y llenas de pelos.
Había sonrisas ladeadas que se repetían en todas las bocas y las bocas se buscaban como agua, la piel como caramelos de naranja y los rayos que golpeaban los ojos cerrados, terminaron estrellándole las pupilas en el cielo.
Se le escaparon los ojos hasta el mar y las piernas los siguieron saltando como dos globos llenos de helio.
Una pausa en silencio dentro de vidrio, unas ventanas, una chimenea con humo dorado que subía hasta el amanecer como cachos de algodón sobre una bandeja de mármol rosa.

Maderas y viento.
Rodeando la cintura roja,
El mismo demonio convertido en ángel delineado,
Y las manos que crecían más arriba de la cintura,
(Ya sin carne pero cubiertas de plumas blancas)
Se apretaban queriendo llevar una nuca a nadar por el río.

Les arrancaron el cielo, pero les dejaron la piel,
(Por suerte la llevaban siempre puesta),
Cruzaron el espacio oscuro una vez más y saltaron porque se terminaba, hasta que una voz habló y dijo casi a forma de conjuro madrugador: “A menos que…” y la música reventó en el aire y siguió latiéndoles en las piernas y la espalda por un rato más.

Todos estrellados volvieron y bailaron hasta con los aviones, todos tenían algo en la piel, no muy fuerte, pero algo al fin, y al fin tenían algo!
Algo mejor que un vaso lleno, un vaso rebalsando que se les volcaba en los tejidos.
Se alejaron tapados en papel de chupetín acurrucados como sardinas en una lata negra y amarilla.
Llegaron pintados, se quedaron colgados de las pestañas siguiendo los pasos que marcaba el ventilador.
Ese día llevaba puesto, además de las alas, una cadera forrada en piel sensible que se llenaba de risa con el roce de los dedos.

Se fueron caminando medio torcidos al ritmo de los colectivos que pasaban, se sentaron en un asiento de barniz que se derretía con la música subterránea y subieron con el sol que les fermentaba las narices.
Pedían más como animales!, cebras que chillaban como cerdos, cerdos que no hacían ruido, pájaros con bolas de pelo atoradas en la garganta, pollos redundantes que volaban alrededor haciendo sombras sobre una mesa sin luz y una puerta de madera que no lo dejaba irse, hasta que se les escapó un beso antiguo que prometía volver mañana cuando se abriera el telón de terciopelo.
Las escaleras azules de alfombra ansiosa y gastada pedían una subida con las ganas concentradas en el primer escalón.
Ella se resistía.
Al final subió, roja, negra, rota pero feliz.
Tiró un beso desde el último escalón, se le cayó rodando, y volvió volando como una mariposa crecida de un par de manos.
Lo atrapó y se lo ató en el bretel para que le hiciera cosquillas cada vez que el viento le golpeara el pecho.
Y así se terminó la noche, con otra parte del mes amanecida, con las mismas canciones acercándose a los oídos, con otro recuerdo compartido pegado con savia en la memoria de los santos extasiados.

"Benditos los que exhalan
El perfume de mares apilados sobre mares
En noches como la última,
Pues ellos podrán hablar de verdades no ciertas
Pero sí perfumadas.
To the end y somewhere over the rainbow"

jueves, diciembre 15, 2005

Chemical World



Solamente sidra, salud! Poesía, besos viejos y vos!
Como una borracha que se inclina a brindar cada tres palabras y vuelca la mitad del vaso con las manos temblando, espera que se caigan las gotas suficientes sobre el pantalón para que los botones se aflojen y la luz se apague.
Mi mar, mi cielo, mi estrella, que lindo que suena poder pensarlo solamente.
Y mientras dormís se te escapan espasmos chiquitos y resoplidos y una lagartija se te escurre entre los brazos y te pega la nariz al cuello, se corre y te corres envuelto como un canelón de helado que se derrite con el ventilador imposible de apagar y los pies al aire porque la mantita no los tapa.
Te levantás sabiendo que no hay más pero siempre quieren más, entonces se suben nada más con algunos colores y bailan aunque no haya música de fondo, ni Blur con el coffee & la TV ni Manu Chao saturando la mente con sus chinos ilegales.
Ella sigue bailando y parece una máquina de humo, una enredadera que sube por la pared y baja hasta el suelo con el invierno acalorado de una noche y vuelve a subir con el verano y otra mañana que se rompe.
También se siente raro lo que me ronda en el estómago…y no hablo de empanadas, helado, café con leche ni cualquier otra cosa comestible o tragable…
Hablo de un desfile de mariposas, azules, verdes, doradas, plateadas, rojas y naranjas que llegan revoloteando cuando me levanto, cuando me miro al espejo y me agarran la punta de los dedos, me separan el pelo y dejan dos colitas rojas que se mueven mientras camino.
Esas mismas mariposas me llevan volando hasta la estación y me pegan a esperar todos los minutos que sean necesarios a un poste, las mismas, me sacuden la garganta y me sacan canciones dulces, me llevan al video y me tapan los ojos para que no descubra la película romántica que me metieron en la bolsita.
Cuando la empiezo a ver se me ríen en el estómago y aletean para hacerme cosquillas mientras me retuerzo para que no se note.
Me acuestan sobre cualquier banco, silla, o colchón, me agarran los brazos y lo rodean de colores.
Con el polvo de las alas le dejan los labios y la nariz con brillitos, y yo sonrío, trato de agarrar alguna entre las manos como si fuera la primera vez que lo intento, como si no tuviera un millón de mariposas volándome la cabeza, como si no estuviera masticando 18 cuando le doy besos, como si no estuviera viendo 23 mariposas cuando lo miro y como si no me tuvieran flotando por el aire cuando lo siento ir y venir y volverse a ir llevándose todo el perfume en el tren y los botones.
Me alejo de la estación, me siguen, mientras camino me tocan con las alitas, me doy vuelta y se esconden, pero sé que están ahí, más condenadas y hermosas que las ratas, esperan que llegue el tren del otro lado para volver a hacerme cosquillas abajo del vestido y adentro de la piel.
Pero no me importa, hasta que llegue y vuelvan me voy a quedar cantando…
And when he let’s me sleep away uhhhh, nothing is wrong, he turns me on, I just sleep away, and I’m gone…
I wanna stay this way forever…

miércoles, diciembre 07, 2005

pastillaje sobre hielo



“Buen día, día de solestoy listo para verte.”

"Quiero ser la puerta de tu viajeya no te disuelvas en el aire"

Dos gigantes se colaron a un cumpleaños de ratas que patinaban sobre el hielo.
Ellos también patinaban, se paseaban revoleando los brazos, agarrandose las manos, tironeándose la ropa y agitando las bufandas.
Los roedores se acercaban a sacarles fotos con las narices frías como perros.
“¿Quieren que les saquemos una foto?” les decían, se juntaban sonreían y miraban.
“¿Quieren que les saquemos una foto? Repetían las ratas emocionadas. “No, gracias ratas” les respondían apartándose.
Como perros patinaron, como osos se cayeron y como picaflores escaparon de la pista, blanca y resbalosa, patinable y escarchada como las marcas en el piso, los besos congelados y secos, los cuerpos tibios y deslizables.
Afuera se escuchaba una voz triste y constante que jugaba sola diciendo colores, colores con los que las ratas se tocaban y echaban carcajadas.
Tomaban velocidad, frenaban en las curvas, sacaban una foto y se cortaban, tomaban velocidad otra vez, se reían y las botas se inclinaban.
El hielo se levantaba en cada pierna, cada paso, la música se repetía y bailaban como dos cuartos de helado de limón descocidos.
Se escurrieron por las maderas que ya no resbalaban, los vieron alejarse algunos cogedores que seguían entrenando sobre el cubito de hielo que empezaba a despejarse.
Afuera había nevado, saltaron sobre el hielo amontonado como montañas de azúcar y no había nubes que dejaran los labios dulces, pero había los faroles de un auto y una luna casi media que los miraban.
Se fueron derritiendo con el calor que larga una noche de verano.
Comieron como cerdos, tomaron como sapos, se revolcaron como perros sobre el polvo, durmieron como pájaros, se sacaron fotos como estrellas, se dieron besos como gatos, escucharon música como extasiados, y se despidieron como mariposas, y volaron cada uno para su lado…

martes, diciembre 06, 2005

jazmines giratorios


"Cuando las águilas se esfumen, amanecerá"


¿Y qué me van a decir de los jazmines transpirados por el aire de la madrugada y los cuellos perfumados por la respiración?
¿Qué me van a decir de las flores que se resbalan amarillas de los árboles y los algodones que se van a volar por la mañana?
¿Qué me van a decir de la mañana y los que corren despacio? ¿De los que van caminando con ojos chiquitos y la ropa arrugada?
¿Qué me van a decir de cada colectivo que pasa con portafolios llenos de gente y del olor a mediodía cuando el reloj no marca ni siquiera ocho horas?
¿Qué me van a decir de las camionetas azules con extraños de camisas llenas de crema al volante?
¿Qué me van a decir de los besos y las manos que bailan sobre los teclados mientras el ventilador reparte el aire y la música por diferentes lugares?
¿Qué me van a decir de la sangre que se escurre entre las polleras y la carne que se pasea espiándola?
¿Qué me van a decir de una ciudad con un estudio chiquito lleno de chinos delineados que se asoman al balcón o miran por la ventana?
¿Qué me van a decir de las frases que se posan de los ojos al alma y de las canciones que se esparcen como gotas sobre las espaldas?
¿Y qué vamos a decir de todo esto cuando las ruedas avancen y las risas se callen y ya no hallan manos que se posen en ciudades, cuando no hallan chinos que se asomen a manejar los jazmines, ni ropa que se arrugue con flores amarillas, ni mañanas que se exalten con besos, ni ojos que se vayan cerrando cuando se acabe la tarde, ni sangre que viaje en portafolios azules, ni lugares que se abran como algodones volando, ni música que se asome a balcones que corren despacio, ni espaldas que gotean canciones del alma, ni carne que se escurra bajo las manos con música espiada?
Puede que no digan nada, se callen y sonrían hasta que la puerta se cierre, se abran las nubes y los jazmines decidan explotarse.
Puede que solamente se acuesten, hablen y canten de flores, almohadones blancos, sillas y ojos que no entienden nada.