lunes, abril 17, 2006

Entradas y salidas



Pasaron agarrados de la mano como dos sombras decididas a volverse carne.
El padre con el pecho inflado y los ojos enrojecidos, un borracho cualquiera, el hijo con pocos centímetros de altura y el pelito rubio en forma de casco, no tenía más de 6 años.

-Hola, qué tal señorita, pasamos porque estaba la puerta abierta…y…bueno…pasamos… ¿usted es la encargada de... atender a los clientes?

Los miraba un poco atormentada pero con la misma indiferencia que a todos los demás…Le daba un poco de gracia la situación, pero tenía que seguir.
El hombre era un cerdo, el nene muy posiblemente un infeliz con mala suerte.

-Si, ejem… yo soy la encargada en este momento ¿qué se le ofrece?
-Ehh…El nene viene a hacerse hombre, ¿cómo es el tema?

“Hacerse hombre”, que animal…es un bebé todavía…Aparte, como si fuera a hacerse hombre por ponerla…

-Sí, bueno, serían $100 y los tiene que pagar por adelantado. ¿Usted va a mirar?
-No no…muchas gracias, él va a saber hacer las cosas muy bien sin mi presencia, aquí tiene el dinero, y tráigame al macho que estoy esperando eh…

-Está bien, ja ja, no se preocupe que ya va a aparecer su macho señor…
Bueno, vos vení por acá bebé, seguime, y usted (dirigiéndose al padre) puede ir a dar una vuelta, vuelva en 1 hora más o menos…
-Ehh…no, está bien, me quedo acá en la puerta.
-Como quiera.

La mujer se alejó contoneando el vestido de seda azul que llevaba puesto, se fueron perdiendo en la oscuridad del pasillo, agarrados de la mano entraron en la puerta, una luz amarilla se escapaba de la piecita, el padre sabía que era la luz de la iluminación, se quedó mirándolos, parecían madre e hijo.
Una lágrima corrió por la mejilla del hombre mientras se prendía un cigarrillo y empezaba a esperar.



Adentro de la pieza

-¿Cómo te llamás?
-Joaquín
- Que lindo nombre, yo me llamo Gala, ¿cuántos años tenés?
-Siete.
-Bueno Joaquín, sos muy chiquito, si no querés hacer esto no te voy a obligar…
-Pero mi papá se va a enojar…Y me va a pegar después.
-Que se vaya a cagar tu papá Joaquín, ¿querés que nos escapemos?
Tenemos la plata que nos dio tu papá para pagarme a mí y algo más que yo tengo ahorrado…
La verdad es que yo me estaba por ir de viaje, por eso estaba la puerta abierta, tu papá se equivocó…tenía que entrar a la puerta abierta que está a dos casas después de esta…
Pero eso no importa…Me voy al mar Joaquín... ¿venís conmigo? Si venís tu papá no te va a pegar más y vamos a vivir solitos, en una casa blanca con el techo de madera, y a la tarde vamos a ir a la playa aunque sea invierno y vamos a tomar té con leche con tostadas y vamos a mirar películas y a escuchar toda la música que queramos y vamos a bailar por todos lados y ya no van a haber hombres que nos peguen de ninguna forma hasta que vos te hagas hombre y vamos a ser libres y vamos a estar enamorados uno del otro y vamos a morirnos felices y libres y vamos a…bueno, ya vamos a ver qué pasa o qué hacemos…pero ahora…¿Qué decís Joaquín? ¿Te venís conmigo?
-¿Y cómo es el mar?
-Ahhh, el mar es hermoso Joaquín, no te puedo explicar cómo es, pero estoy segura de que cuando lo veas te vas a enamorar, ¡No te van a alcanzar los ojos para mirar!, hay arena por todos lados, arena bien finita que te hace cosquillas entre los dedos de los pies, y las olas…las olas son hermosas Joaquín…Van y vienen con la espuma en el lomo, es como merengue, merengue encima de una taza infinita de lágrima color azul verdoso.
Y los amaneceres Joaquín…Los amaneceres en la playa son hermosos, pero a mi me gustan más los atardeceres…Tienen colores más dorados…brillan un poco más viste…
¡Ay nunca había estado tan segura de algo, vayámonos ya Joaquín!, ¡Ya!
-¿Y cómo hacemos?
-Bueno, Eh…Salimos por la puerta de atrás, nos disfrazamos, agarramos las valijas que están acá, damos la vuelta y nos vamos, ¡más fácil imposible!
-Bueno, está bien.
-¡Aaaay! ¡Qué lindo sos!- lo abraza estrujándolo bien fuerte y le da un beso en la frente.

Se van los dos, la mujer se saca el camisón azul que tenía puesto y se cambia para viajar, unos lentes de sol, el pelo atado, un sombrero, le pone rubor al nene en las mejillas, una gorrito celeste, un vestidito turquesa, bufanda, zapatitos negros y una medias blancas con puntilla.
Agarran las valijas y salen por la puerta de atrás, dan la vuelta manzana y aparecen a unos metros del padre que seguía en la puerta esperando.
Los miró, estaban un tanto nublados, intentó mirarle el culo a la mujer pero no podía enfocar, entonces no les prestó demasiada atención.
Se metieron en el auto y arrancaron, le tocaron bocina al padre y se fugaron al mar.

El hombre miró el reloj y gritó para la habitación: ¡Cuánto falta che! ¡Dale pendejo!, ¡la puta madre! ¿¡Tanto te va a costar ponerla?!

sábado, abril 15, 2006

Ruega por nosotros pecadores


Santa María, madre de Dios
Una cola larga de persona pensando en deseos, agradecimientos…
Se acercan a la imagen semidesnuda y le besan los pies, le tocan las rodillas, le acarician las heridas de porcelana y le otorgan miradas atormentadas que doblaban la expresión de sufrimiento del Cristo crucificado.
Una mujer se subió al escalón y le besó las rodillas, un hombre siguió el camino de las heridas a las que llegaban sus extremidades, después se persignó y dejó al siguiente…
¡Santa María, madre de Dios!
Una chica se acercaba, iba colmada de pecados carnales y mentiras piadosas…
¡Santa María, madre de Dios!
Subió al escalón y se abrazó a la entrepierna del Cristo, le besó el paño de madera con los ojos cerrados y en una súplica bendita se arrodilló en el piso y se echó a llorar con gritos agudos de sufrimiento…
Con dos lanzas clavadas desde el interior hacia afuera y la corona de espinas manchándole el cabello dorado de rojo, comenzó a refregar el piso de la capilla con sus lágrimas como intentando limpiar los dolores que se le habían derramado.
¡Santa María, madre de Dios!
Las beatas ciervas del señor la miraban con un poco de compasión y el doble de horror…
Hay que sacarla murmuraban las señoritas de los petos blancos y letras turquesa…está manchando todo el piso…
¡Por qué! ¡Por qué!!!
Gritaba la chica desgarrando las canciones eclesiásticas y retorciéndose en el piso.
¡Por qué! ¡Por qué!
Se arañaba la cara y se colgaba de los pantalones cercanos.
Algo había que hacer. Siempre se debía hacer algo…
Los presentes la tomaron por debajo de los hombros, le quitaron la ropa y la dejaron en tanga, afortunadamente una de las ciervas había traído aguja e hilo, subieron a la chica y la apoyaron en la cruz, le cosieron las muñecas y los pies con hilo negro y se alejaron para ver si estaba equilibrada.
Se quedaron contemplando la escena un momento y notaron que nunca habían tenido en su iglesia una imagen tan real.
El minuto de contemplación pasó y comenzaron a darse miradas cómplices, sonreían con un poco de hambre y un momento después estaban todos aplaudiendo ante la maravillosa obra de dolor que se alzaba ante el pueblo. Ella no dio su vida por nadie, no hizo ningún milagro, nunca caminó sobre el agua, apenas llegó a meterse en el mar y el río, nunca escribió un libro, nunca plantó un árbol ni tuvo hijos, nunca se casó, nunca ganó una competencia ni viajó a Europa, pero cosida a la cruz tenía más aires de grandeza que tirada al pie de dos maderas llorando por vaya a saber quién o qué.

Sí, papi



-Papi, ¿me llevás a un lugar a donde sea feliz?
-Ay no…No puedo hacer eso.
-¿Por qué no podés?
-Bueno…porque ya sos muy vieja y no podrías ser feliz en ningún lugar, se te acabó el tiempo desde que naciste, así que mejor quedémonos acá.
-¿Y por qué no puedo ser feliz papi?
-Bueno…porque tenés la piel arrugada, te duelen las articulaciones y ya no tenés ganas de bailar ni de reírte porque se te cae la dentadura…Y si se te cae la dentadura…está claro que no podés ser feliz.
-¿Y entonces ahora qué hago papi?
-Bueno…si no te gusta ser vieja ni infeliz…podés hacerte un bollo y quedarte esperando en un rincón.
-¿Y qué espero?
-Bueno…podés esperar que te vengan a buscar… mientras podés pensar, llorar, dormir, comerte a vos misma…qué se yo…hay tan pocas cosas para hacer cuando uno es infeliz y viejo…
-¿Y vos qué sos papi?
-Bueno…yo soy papá, claro.
-¿Y cómo es que yo soy infeliz, vieja y no soy tu hija?
-¿Y quién dijo que no fueras mi hija? Sos mi hija…una hija vieja e infeliz pero hija al fin, ¿no?
-Papi, no me importa ser vieja ni infeliz ¿me llevás a la plaza? Te prometo que no juego con los nenes, me quedo dándole de comer a las palomas desde un banco…
-Bueno, está bien, pero si llegás a meterte en algún juego nos vamos.
-Si papi.

Se alejaron caminando de la mano, la nena con su 1,40, las dos colitas de pelo platinado, la piel arrugada y manchada, la dentadura postiza, el vestido azul y su bastón de padre barnizado por la lluvia y los años…