martes, septiembre 11, 2007

AIA DE COLORES





6/9/07

14:05

Pronto llega la primavera, es interesante pensar que la mayor parte de las veces escribo a la misma hora. Largo tiempo desde el último encuentro, y ya antes había descubierto que la tapa de los Poett es una vagina que exhala el perfume ambiental por un clítoris lo suficientemente plástico como para que ninguno se haga el gracioso.
Ahora estoy rodeada de vasos sucios que no lavé ni pienso lavar, una lechuga se pudre en la heladera y ¡Ay! ¡Estoy tan cardiaca! Sí, esa parte que existe en mí es tan cardíaca, la que me hace sentir lástima por las lechugas que se pudren en el fondo de la heladera y hace que me den miedo las puntadas pectorales, entonces pienso en comprar una maceta para criar flores rojas; hasta cobrar, imaginemos la maceta con la tierra y las flores creciendo, qué delicia el brotar de algo, primero un tallo, así de grande y alto como el que sueña con arrancar un gigante, (no te distraigas, estábamos en el crecimiento) enfocarse en algo con vida que no necesita tomar ningún camino para escaparse de la tierra (no vos).
Cobré, entonces tengo un tulipán rojo y unas Lilium naranjas, preciosas, estacionadas al lado de la parilla tomando Sol, espero que estén a salvo de los gatos y las perras hambrientas hasta las 10 de la mañana. Más adelante las voy a traer a flotar por la pecera azul, al lugar de los dementes en el que dedico esta inmensa pieza de compañía donde abundan las palabras que poco dicen y no hay nada más atrás de los minutos que tampoco existen, ¿No? No. Callate vos. No hay nada más que eso que uno siente pero no es nada en realidad, ¿Y en qué me vaso en realidad? Un poco en hundirme como un líquido gaseoso (si es posible), pero no agua sin gas porque el agua ya de por sí no tiene gas, por eso no soporto cuando preguntan ¿Agua con gas o sin gas? por favor, de la mitad para arriba vacío, de la mitad para abajo lleno, ¿por qué? exactamente porque no puedo verlos de otra forma que no sea por la mitad.
Me vaso en una base en el fondo de la pecera podrida, podrida de la pecera, ya no quiero ser víctima ni empleada solitaria, ni compañera abombada, ni certificado de papel por ausencia de multiacción, ni pescada atrapada en la red de planillas con alas de polillas que vuelan hasta atraparme y hacerme suicidar saltando del séptimo piso como un pez espada que se da contra la calle de cemento y mueve las branquias con los ojos abiertos sin parpadear porque tampoco puede respirar, ni deformación que también salta pero de una billetera vacía, (Cómo estoy con los saltos y las peceras y los peces, también hay jaulas y pájaros prisioneros, me gustaría soltar a todos los que viven en el acuario de al lado de mi casa, donde compré las plantas, admito que solamente lo hice para un primer acercamiento al plan de liberación alimántico, lo único que recibí es la corta expectativa de vida de las flores que acababa de comprar) Ni pitido de desfibrilador que no es lo que tiene que ser, ni la astucia que no está en largar cualquier imagen que llega después de pensar en lo que no se quiere ser, porque igual, si no mata te morís, pero en el mar, y sos una flor cualquiera a la que se le van cayendo los pétalos y hay algo que te absorbe alrededor pero también te alimenta, no se sabe si es el sueño del gigante que te quiere arrancar o los alimantes que están atrapados en las jaulas y peceras de los pensamientos, por suerte viene la primavera y el meio se fué. Ayer me senté sola y había viento pero lo transformé en calor y no tuve frío. Te dije que puedo controlar el clima, es todo cuestión de convicción.